jueves, 30 de octubre de 2014

Reseña de "Heterodoxos, Quiméricos y Visionarios" de Alfredo Villaverde Gil

Heterodoxos, Quiméricos y Visionarios
Alfredo Villaverde Gil
Editorial Dulcinea, 2014


Heterodoxos, Quiméricos y Visionarios es el título del nuevo libro de Alfredo Villaverde Gil. Un poemario dedicado a personajes clave de la literatura, el arte y en general de la historia, sin los cuales seguramente sería difícil entender el mundo tal y como hoy lo conocemos.

Este es un poemario, en efecto, que nos habla de grandes personajes de la cultura, pero también de otros que pertenecen al ámbito de lo político, lo social, del mundo empresarial o las nuevas tecnologías. Pues para Alfredo Villaverde es tan valiosa la figura de San Juan de la Cruz como la del Ché Guevara o la de Steve Jobs para incluirlas en este libro singular.

En cualquier caso, todos fueron protagonistas de la historia pasada y de la más reciente. En este libro, Alfredo Villaverde nos habla de hombres y mujeres que él cataloga como heterodoxos. Donde también cabría nuestro autor, pues Villaverde también es un heterodoxo. Asimismo, nos habla de personajes a los que define como quiméricos, personajes que apostaron por construir el mundo a través del arte, el humanismo y, en algún caso, como Teresa de Calcuta, de la entrega a los demás.

Para cerrar el tríptico, nos habla de visionarios, porque estos personajes que Alfredo Villaverde recupera para la poesía fueron más allá del horizonte que les marcaba su tiempo, su propia época, e incluso más allá de lo substantivo. Llegando a la esfera de lo trascendente y el misticismo. Como fue el caso de Yalad al-Din Rumí, presente en el poemario cuya voz poética inspiraría una de las formas de expresión mística sufí más bella. Me refiero a los derviches danzantes.

Por ello, cada personaje ha sido adjetivado según los tres calificativos utilizados en el título que, a su vez, corresponden a los títulos de los tres capítulos del libro. Sin embargo, tengo la sospecha de que las figuras entresacadas del paisaje de la historia que van surgiendo en las páginas del poemario, son todos ellos merecedores a un tiempo de los tres epítetos que definen el libro.

Todos y todas mostraron su disconformidad con las ideas, las prácticas, las creencias o los dogmas que imperaron en el momento que les tocó vivir. Todos quisieron llevar la imaginación al poder y eligieron la utopía como recurso para dar sentido a la existencia. Todos utilizaron la ilusión y la fantasía para erigir sus obras e intentar modificar la realidad que les rodeaba.

Todos y todas quisieron a su manera “salvar el planeta y alterar la conciencia humana”, como escribió Allen Ginsberg. Posiblemente porque, como nos dice Alfredo Villaverde, “el mundo es un aullido gigantesco”. Todos ejercieron un compromiso activo con la cultura y el humanismo. Quizá porque, como también escribe Alfredo, “quién sabe cuándo y dónde”, a través del arte, la música, la poesía o un sencillo gesto de humanidad “haremos sonreír a la Gioconda”.

Es cierto que Alfredo Villaverde puede permitirse el lujo de abordar y enfrentarse a estos personajes de extraordinario peso específico. Una empresa que para cualquier otro autor sería cuanto menos arriesgada. Puede hacerlo por su amplia trayectoria como urdidor de versos de calado y prosas bien afinadas. Puede hacerlo porque el oficio le viene de lejos y la maestría se impone en sus poemas. Puede hacerlo porque aborda la complejidad de los enormes personajes de libro con la soltura de quien ha transitado mucho y bien por los senderos del intelecto y la escritura. El resultado: poemas de lectura ágil y accesible. A pesar, como he dicho, de la altura cultural e histórica de los personajes que se sitúan en el punto de mira de sus versos.

Sin duda, los poemas poseen una profunda carga temática. Pero en estos versos no sólo hay una exaltación de las figuras que como en una galería de retratos aparecen ante nuestros ojos, también se entreveran los grandes temas de la poesía como el tiempo, el amor, la existencia, la sociedad, etc. Por otra parte, estos son temas que siempre han estado presentes en la obra poética de Alfredo Villaverde.

Dicho esto, parece necesario advertir que la elección de los personajes no parece casual. Más bien creo que nuestro autor, haciendo bueno el axioma de que escribir poesía es desvestirse y exponerse como en ningún otro género ante el público lector, nos confía una parte esencial de su bagaje cultural del que él se considera heredero y, al mismo tiempo, sabedor de la obligación intelectual de transmitir dicha herencia.

Creo que, de esta forma, Alfredo Villaverde ha querido dar cuenta y razón de personajes que han ejercido sobre él una extraordinaria atracción y, por ende, una influencia notable. Villaverde es, ya se ha dicho, un heterodoxo y también quimérico y visionario como los personajes de su libro. Es un autor que ha practicado la poesía social, estética, mística,…en fin de muy diversa temática y condición. Ahora rinde homenaje poético a quienes le han conducido, en algún momento de su trayectoria literaria y vital, por los derroteros de la creación y el pensamiento.

No podemos dejar de citar la figura de Juan Ruiz de Torres que, sin duda, fue igualmente hombre y autor heterodoxo, quimérico y visionario. A quien el autor dedica el libro y el último poema del mismo. La amistad personal y literaria entre Alfredo Villaverde y Juan Ruiz, fallecido este año 2014, queda patente en el libro.

Para finalizar, solo resta anotar que en este libro los lectores encontrarán buena poesía que, sobre todo, rinde culto a la cultura y a quienes la han edificado con mayúsculas. Un libro en el que a buen seguro encontrarán poemas que serán de su agrado. 
© Francisco J. Castañón