miércoles, 5 de noviembre de 2014

Aromas de vino y viñedos

La Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha, ha publicado el libro que cada año reune bajo un mismo tema a los autores de la entidad que desean participar en el proyecto. Este año el libro ha estado dedicado a los viñedos y, por supuseto, al vino. En el libro han colaborado 45 firmas en prosa y poesía.

  
Aquí dejo los tres poemas con los que he colaborado en este libro.

AMANDI

Al abrigo de las prominentes
y escarpadas paredes
que resguardan la Ribeira Sacra,
donde el paisaje se adorna
con soberbios y apacibles bancales,
discurren las gélidas aguas 
del Sil profundo
sobre el que desliza su quilla
un solitario barco que infringir no quiere
la serenidad de este río encubierto
por agrestes cañones.

Por estos barrancos hondos,
en los que vides de raigambre
reposan y trepan
entre ásperos roquedales,
hombres de tesón paciente,
cesta a cesta, descienden y remontan
para cultivar las uvas inmemoriales
cuyo licor preciado dicen degustaron
caudillos celtas y dignatarios romanos;
para vendimiar la esencia de esta tierra vertical
regada por la lluvia propicia,
lavada por nieblas templadas,
que se va impregnando
de un calor cordial pero tajante.

Vino de Amandi,
pintado con tintes cerezas y violáceos,
de refinada fragancia a frutos exultantes,
de embocadura a moras y grosellas
nacidas en intrincados bosques,
colmados de leyendas,
que fueron en un tiempo sombrío
custodiados por monjes y eremitas.

Vino de Amandi,
que en este día inclemente de febrero
reconforta espíritu y entrañas
cuando damos cuenta ahora
de sobrios manjares
mientras nos concede amparo
un molino viejo a orillas del Arnoia.

PITARRA

En su oscuro y frío vientre,
como secreta cueva,
la protectora tinaja retiene
uvas redentoras, blancas o tintas,
que con placidez y sosiego
fermentan reservadas
junto a sus laudables hollejos.

Vino que mece la mano sabia
del bodeguero llano.
Vino que para su trasiego espera,
entre artesanales cuidados,
a los recios días del desabrido invierno
en esta tierra extrema y dura
de gentes estoicas, audaces, 
de raíces trasplantadas,
que llevan consigo la luminosidad
de estos campos de tenaces encinas.

Vino turbio de pitarra.
Vino de fértiles suelos de barros,
que entre la arcilla modelada
aguarda el desenlace
cuando deba salir
a nuestro encuentro
en esos momentos venturosos,
aún inéditos, de asueto y desahogo.

LUZ Y ORO

En el catavinos la luz, hurtada a mil soles
que granaron las vides y elevaron el trigo
sobre la tierra labrada.
Sobre el pan un oro verde que empapa
la nutricia miga y trae savia de olivos
plantados en rojas arenas,
bañados con lagrimas de luna llena.

Pan, para advertir la punzada amable
de la espiga. Vino fino, para afilar los sentidos.
Aceite virgen, para ocupar la sangre
de regustos dulces y picantes.
Luz y oro primordial. Pan, vino y aceite.